lunes, 10 de marzo de 2008

ADN: A UN PASO DE LA ETERNIDAD

Durante el acto de apertura del curso académico de 1936, en la Universidad de Salamanca, tuvo lugar un desigual enfrentamiento entre la dialéctica de dos enemigos íntimos e irreconciliables, la del militar Millán Astray y la del filósofo y escritor Miguel de Unamuno. Cada uno de ellos defendía un modelo diferente de España. Mientras Unamuno hablaba de unidad y de civilización, el militar se refería a Cataluña y el País Vasco como “cánceres en el cuerpo de la nación”. En un momento dado, ante el discurso tan desmesuradamente bárbaro y descarnado del militar, Unamuno expuso una argumentación finísimamente hilada en la que incluso llegó a referenciar a Miguel de Cervantes. Ante lo que para él suponía una exposición desbordante, Millán Astray sólo pudo gritar: “¡Muera la inteligencia!”. Y es que si de algo no quedaba duda era que, en aquel cuadrilátero improvisado, la inteligencia la aportaba uno sólo de los contendientes.
Miguel de Unamuno, que nació en Bilbao en 1864, ha sido, sin lugar a dudas, uno de los grandes pensadores en la historia de nuestro país. A él le debemos grandes obras y grandes ideas, grandes momentos y grandes frases. Y una de aquellas frases hace referencia a la osadía humana de no morir. “Todos sentimos un hambre de inmortalidad, un anhelo de eternidad", que diría en cierta ocasión.
Pero ese sentimiento al que hacía referencia Unamuno es tan antinatural como inalcanzable. El envejecimiento es un proceso irreversible, cifrado en nuestro material genético, y que desemboca, ineludiblemente, en la muerte. A nivel biológico se puede decir que el envejecimiento se relaciona con una progresiva disminución tanto de la población celular como de la actividad metabólica de cada célula, mientras que a nivel social o humano podríamos decir que lo que caracteriza al envejecimiento es el enlentecimiento de unas funciones y la desaparición de otras, así como un mayor grado de incidencia de enfermedades. Pero, ¿por qué envejecemos? ¿Sería posible, a nivel metabólico, detener este proceso? ¿En qué consiste envejecer?
El ADN constituye el material genético donde está contenida toda la información necesaria para la vida. En los humanos, se estima que este ADN está formado por unos 3.000 millones de nucleótidos (que son las unidades estructurales que lo conforman). Si fuéramos capaces de estirar todo el ADN de una célula, éste daría lugar a un hilo delgadísimo de más de un metro de longitud. Así, podemos hacernos una idea del nivel de empaquetamiento al que se encuentra sometido nuestro material genético. Dentro de la célula, el ADN se encuentra en un subcompartimento llamado núcleo y es en éste donde se encuentran los cromosomas (en humanos hay 23 parejas de cromosomas), máximo nivel de empaquetamiento del material genético. Cada vez que una célula humana se divide, todo este ADN tiene que duplicarse y distribuirse en las dos células resultantes en un complejo proceso llamado mitosis. No obstante, ese proceso de división celular es limitado. Se sabe que una célula humana no es capaz de dividirse más de 50 ó 60 veces. Y es precisamente ese estado en el que la célula no puede dar lugar a nuevas divisiones, lo que conocemos por senescencia o envejecimiento.
La cuestión es, ¿por qué no puede una célula dividirse más de esas 60 veces? Y la respuesta la encontramos en los cromosomas. Los cromosomas tienen forma de “bastoncillos” y en sus extremos se encuentran unas estructuras llamadas telómeros (del griego telos, “final”, y meros, “parte”). Estos telómeros están compuestos por unas secuencias de nucleótidos altamente repetidas que no dan lugar a ningún gen en particular, pero que cumplen una función muy importante para el cromosoma como es la de protegerlo de la degradación y del contacto con otros cromosomas. El problema es que, en cada división celular, la proteína encargada de duplicar el ADN (llamada polimerasa) no es capaz de copiar la totalidad de la secuencia del telómero, perdiéndose en cada ciclo un número determinado de nucleótidos. Así, el desgaste progresivo del telómero hará que éste pierda su función protectora, dando lugar a un cromosoma inestable en el que aparecerán errores (mutaciones) que activarán procesos de muerte celular programada (apoptosis).
Es posible que, en un futuro no muy lejano, el uso de la terapia génica permita la obtención de telómeros mucho más estables y, por lo tanto, individuos mucho más longevos. Quizá demasiado longevos; es posible. Pero ese será otro tema. Y es que ya lo dijo Unamuno, “todos sentimos un hambre de inmortalidad, un anhelo de eternidad".

12 comentarios:

Auro dijo...

¡Bufff! A ver si soy la primera en estrenarlo. Cómo molan estas cosas, así te podemos criticar sin que nos veas la cara, y por supuesto sin que nos pongas la mano encima.
Bromas a parte, me alegro mucho de que por fin hayas decidido darte a conocer en el complejo mundo virtual. Prometo leerte regularmente si tu prometes escribir con la misma regularidad, mucha suerte, muchos besos y a dar guerra, a ver si entre todos arreglamos el pulgar del panda para que coma ramas de olivo y se venga a España...

LunaanuL dijo...

me pasaré por aquí señor científico.


(el otro día estaba un poco seria y enfadada, pero ya he acabado los exámenes y soy libre!!!)


un beso enorme y ojalá nos veamos más veces

Juan Manuel Gil dijo...

amigo josé antonio, mil gracias por acudir a la fiestainopia. y bienvenido a la blogosfera. ten la certeza de que te leeré a menudo. y te comentaré. ya era hora de que nos abrieras tu casa. suerte.

José Antonio Garrido dijo...

Auro, es un placer que hayas sido tú la primera en abrir la brecha. Muchas gracias. Espero, con impaciencia, esa crítica de la que hablas.

Luna, ¿señor científico? Eso suena a traje que le sobra tela por todos lados.
Un poco seria, sí es verdad.
Otro beso para ti y hasta pronto (puedes estar segura de que nos veremos muchas más veces).

Juanma, para mí es un auténtico honor verte por aquí. Una recomendación a navegantes: Inopia (Ediciones El Gaviero, 2008), un libro muy recomendable con un aire nuevo que seguro os gusta. Un abrazo.

Gwendydd dijo...

Hola José Antonio. Ya veo que después de "La Clave de Prometeo" sigues intentando aunar literatura y cienca. Una tarea difícil teniendo en cuenta que a algunos lectores como yo se nos escapaba al entendimiento muchas de las cosas que aquí aclaras. Espero que sigas con la ciencia pero ¿para cuando la literatura? ¿y la siguiente novela? Un saludo y buena suerte.

José Antonio Garrido dijo...

Gwendydd, muchas gracias por pasarte pora aquí. Habrá tiempo y espacio para todo. En este blog espero poder plasmar mi interés científico y mis inquietudes literarias. Sólo deseo estar a la altura de todo el que entre.
Con respecto a la siguiente novela, me gustaría que saliera a lo largo de este año, pero ya sabes cómo son estas cosas (y si no, algún día te las contaré...).

Anónimo dijo...

¡Pepes!Te deseamos mucha suerte en tu nueva andadura internauta. A partir de ahora te podemos tener mas controlado con todo lo que haces...y te podremos criticar sin que no regañes...pero ojo, siempre crítica constructiva.

Un beso enorme de tus fans número 1

Mucha suerte.

Pili dijo...

La familia López se congratula de que por fin te podamos leer sin tener que comprar el periódico. Claro, que de todas formas nos mandabas por mail los artículos de Almería Actualidad. Lo mejor de todo el blog es ese momento foto con la catarata al fondo, jejeje.
Muy profunda...
Nos pasaremos por aquí de vez en cuando, al menos yo. MUUUAK!

Luna dijo...

Tengo una fotito en la que usted sale, señor de las telas.
Ánimo semanosantero, que el incienso ya empieza.

José Antonio Garrido dijo...

Fans número 1, pero si sabéis que yo casi no regaño... Espero vuestra crítica.

Pili, es un placer verte por ésta, mi otra casa. Por cierto, el momentazo catarata es "auténtico", ¿eh...? Nuestra seña de identidad.

Luna, ¿podrías enviarme esa foto? Mi dirección de correo electrónico es jcardena@ual.es
Sí que es verdad que ya huele a incienso; el problema es que en Semana Santa éste se mezcla con otros muchos olores, algunos un tanto desagradables.
Por cierto, no me hables de usted. Es un peso con el que todavía no puedo cargar.

Nat dijo...

Por casualidad he caído aquí y le agradezco al azar que me haya traido.
Es tan difícil asumir la muerte y mucho más la propia...suerte que nuestros genes se las han ingeniado para seguir subsistiendo...no es ese el objetivo de la reproducción???
Un beso.
Nat

José Antonio Garrido dijo...

nat, muchas gracias por pasear por estos lugares. Me encantará volver a verte por aquí.
Por cierto, tienes toda la razón, nuestros genes se las han ingeniado para seguir subsistiendo. De hecho, esa es la teoría que Richard Dawkins defiende en uno de los libros de divulgación científica más importantes que se han escrito nunca, "El gen egoísta". En éste se define al gen como la unidad fundamental de la evolución. Es algo así como definir a la gallina únicamente como el medio que utiliza un huevo para dar lugar a más huevos.
Otro beso para ti.