Acaba de producirse el fallo del I Concurso de Divulgación Científica de la Universidad Complutense de Madrid –convocado por la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación- y en éste, el texto presentado bajo el título “El peaje de la comodidad” y escrito por Oscar Palomares Gracia –Investigador Post-doctoral del Instituto Suizo de Investigación sobre las Alergias y el Asma (SIAF), en Davos, Suiza, y, sobre todo, buen amigo mío- y yo, ha sido premiado con un Accesit.
Espero que en breve todos podáis leer nuestro texto y recibir entonces vuestro veredicto.
lunes 26 de mayo de 2008
I Concurso de Divulgación Científica de la UCM
lunes 19 de mayo de 2008
CARLOS CONTRERAS Y ORIKATA
Para un autor joven y desconocido, conseguir que se lleve a escena tu primera obra teatral puede convertirse en una auténtica odisea. Pero cuando el talento suma enteros a la capacidad, al esfuerzo y al trabajo, el resultado no puede ser otro. Y es entonces, cuando la pasta de las hojas cobra vida y se materializa encima de un escenario, es entonces, digo, cuando todo esfuerzo cobra sentido.
Es el caso de ORIKATA, de Carlos Contreras Elvira, ganador del XI Premio de Teatro Arte Joven de la comunidad de Madrid, y que espera desarrollarse, brevemente, en escena. ORIKATA es un término japonés que se podría traducir como “ejercicios de doblado”, y hace referencia al milenario arte de la papiroflexia. Y es así como se desarrolla la historia que Carlos Contreras nos presenta, como un inteligente ejercicio de doblado y desdoblado en el que una serie de historias se entrecruzan en la atmósfera cercana y siempre misteriosa de un locutorio. La obra se presenta como una cuidada maniobra de hilvanado que se desarrolla al ritmo que su autor sabe imponer, con acierto, en cada momento.

Carlos Contreras es un joven burgalés (nació en 1980) que cursa estudios en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) de Madrid y que, si bien acaba de recibir su bautismo dramatúrgico, arrastra consigo una considerable lista de premios y reconocimientos en poesía y relato breve. Por citar sólo algunos de los más destacados, esta realidad de la literatura española –hace tiempo que arrancó de su solapa el sambenito de promesa- ganó el Premio 2007 de las Letras Jóvenes Castilla y León en la modalidad de poesía o el Primer Premio del V Certamen internacional de Poesía Joven “Martín García Ramos”, con su libro Bildungsroman, que fue publicado por Point de Lunettes (2007) y prologado por Jon Juaristi.
Desde aquí le deseamos la mayor de las suertes y le auguramos la mejor de las carreras, en su “intento de ficción fundacional”. Un abrazo, amigo.
sábado 17 de mayo de 2008
Literatura, moda... y naturaleza
Ayer, en el entorno de Lilec´08, el señor Adolfo Domínguez dijo a la concurrencia que asistía a su discurso sobre moda y literatura: “…, vosotros tenéis la capacidad ya que aquí (en Almería) producís más pimientos que en toda Europa junta. Así que lo que los incultos políticos que tenemos deberían hacer es subvencionar la plantación de árboles para plagar el entorno de bosques”.
Y digo yo: Vamos a ver, señor Adolfo Domínguez, la naturaleza es, posiblemente, el sistema más perfecto que conocemos. Y si esa perfección es tal, por propia definición, debe moverse en un equilibrio muy sutil. Y que esto es así, la experiencia se ha encargado de demostrárnoslo constantemente. Cada vez que se introduce en un sistema un elemento ajeno a éste, el equilibrio termina alterándose mucho más drásticamente de lo que podía imaginarse a priori. Sin ir más lejos, un ejemplo de esto ocurrió el año pasado en nuestra ciudad, cuando se trajeron palmeras procedentes del norte de África –en teoría, una zona con unas condiciones climáticas parecidas a las nuestras- y que introdujeron un escarabajo que aquí carecía de su depredador natural y que causó estragos en flora autóctona.
Si Almería tiene el paisaje que tiene –que a usted puede gustarle más o menos, pero que es el que hay-, es debido a que en esta ciudad confluyen una serie de factores climáticos, geográficos y de exposición solar que la hacen única. Y no digo yo que no sea bonito ir con el coche y dejarse abrazar por las ramas infinitas de alcornocales y eucaliptos, pero no cambio yo el espectáculo árido de tabernas o un atardecer en cualquier rincón del cabo por el verde que usted alienta…, y me temo que la naturaleza, aquí, tampoco.
¿Qué opinas tú al respecto…?
jueves 15 de mayo de 2008
FÉLIX ROMEO Y LA CARTA DE DESPEDIDA
En un reciente taller literario al que he asistido, el escritor y crítico literario Félix Romeo nos proponía como ejercicio la escritura de una carta de despedida, de unas pocas líneas, dirigida a un supuesto amor. Abajo puedes leer la mía. ¿Cuál sería la tuya?
Ahí te quedas. Te jodes. Me voy. No quiero volver a verte. Espero no tener que encontrarme contigo nunca más. Y no es despecho, no te creas. Es desprecio. No me importas en absoluto y no me importa que haga ya dos semanas que te hayas ido
martes 13 de mayo de 2008
ROSALIND FRANKLIN Y SU FOTOGRAFÍA 51: DE CAMINO AL CÓDIGO GENÉTICO
Rosalind Franklin se había doctorado en Química-Física por la Universidad de Cambridge con sólo veinticinco años. Durante su periodo de formación había destacado por su brillantez y su enorme capacidad de trabajo, pero corría el año 1945, ella era una mujer y la sociedad europea y el misógino mundo de la ciencia no se lo iban a poner nada fácil.
En 1950 Franklin regresó a Londres tras realizar una estancia de tres años en un prestigioso laboratorio parisino, en el que se convertiría en una especialista en la técnica de difracción de Rayos-X. Pero ni siquiera el hecho de ser considerada una experta de escala internacional en el uso y la interpretación de esta técnica iba a allanar el camino a la joven investigadora. En el laboratorio del King's College de Londres en el que comenzaría a trabajar tras su regreso, Franklin se vería obligada a compartir material e inquietudes con el investigador Maurice Wilkins, con quien mantuvo una relación compleja.
Franklin estaba convencida de que gracias a la técnica de difracción de Rayos-X, podría llegar a conocer la estructura del ADN, del que por entonces apenas se tenía conocimiento, y, a través de ella, profundizar en la comprensión del código genético, la herencia, la biología del desarrollo o la evolución. El problema es que también su incómodo compañero, Wilkins, andaba detrás de conocer esta estructura. La situación se complicó para ella cuando a éste se unieron dos investigadores más de un laboratorio de Cambridge: un joven e insolente estadounidense de veintitrés años llamado James Watson y un inglés, que era incapaz de permanecer callado, llamado Francis Crick.
En 1951 Watson y Crick elaboraron un modelo estructural para el ADN que resultó ser imposible. Aquel error tuvo consecuencias negativas para los dos científicos, de manera que fueron apartados, inmediatamente, del trabajo activo con el ADN. Por aquel entonces, Franklin trabajaba aislada y se sentía infravalorada en sus investigaciones, aunque sus avances en la dilucidación de la estructura del ADN iban por buen camino. Tanto fue así que a finales de enero de 1953, el trabajo de Franklin se encontraba en un punto muy próximo a la conclusión de su investigación. Fue en este momento cuando Wilkins, declarado ya enemigo íntimo de Rosalind Franklin, le mostró a Watson una radiografía del ADN tomada por la joven investigadora que iba a resultar clave en el desenlace de aquel episodio. Aquella imagen, que ha pasado a la historia como Fotografía 51, resultó ser una evidencia fundamental para identificar la estructura del ADN. Apenas unos meses después, Watson y Crick publicaron un artículo de poco más de una página en la revista Nature en el que explicaban la estructura helicoidal del ADN. Según esta teoría los cuatro nucleótidos –Adenina, Timina, Citosina y Guanina, que son las unidades estructurales del ADN- se organizan en una doble hélice en la que ambas cadenas se orientan en direcciones antiparalelas.
Rosalind Franklin moriría cinco años después, de cáncer de ovario, probablemente debido a las repetidas exposiciones a la radiación durante sus investigaciones. En 1962, cuatro años después de su muerte, Watson, Crick y Wilkins recibirían el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Franklin, probablemente, nunca llegó a imaginar la trascendencia de aquella imagen que tomó y que Wilkins mostró a Watson sin su permiso.
Desde aquel momento hasta hoy, la biología molecular y la genética han avanzado a pasos agigantados. En apenas 50 años se ha conseguido secuenciar el genoma de docenas de organismos, entre ellos el humano. Este genoma constituye el conjunto de todos los genes contenidos en el núcleo de cada célula. Para los humanos, su genoma está integrado por unos 25.000 genes agrupados en 24 cromosomas, y en él está contenida la información necesaria para la expresión de todas las proteínas del ser humano.
La relación entre un gen y la proteína a la que éste da lugar viene determinada por una regla denominada código genético. Según esta norma, tres nucleótidos dan lugar a un aminoácido –unidad estructural de la proteína-. Así pues, el código genético se convierte en una especie de diccionario que establece una equivalencia entre las bases que forman el ADN y las proteínas.
Rosalind Franklin no llegó a conocer el código genético. Su prematura muerte le evitó asomarse a la fascinante lectura del ADN. Hoy, el mundo de la biología molecular le debe, al menos, el honor del recuerdo. Porque la historia se escribe con fragmentos de vidas como la suya y de retos imposibles como el que le tocó asumir.
miércoles 30 de abril de 2008
PEARL HARBOR Y LA MARIHUANA FRENTE AL DOLOR
Doris Miller era un cocinero afroamericano que se encontraba destinado, durante la segunda guerra mundial, en un acorazado norteamericano y que se iba a convertir en uno de esos héroes que fabrican todos los conflictos armados.
Desde 1895, tras la primera guerra Sino-Japonesa, el ejército japonés tuvo en su punto de mira a su vecina China como única salida a su política expansionista. La victoria de su ejército sobre el ruso, en 1905, dio lugar a un clima de euforia que hizo que la sensación de imbatibilidad creciera y alimentara las ansias expansionistas japonesas. Así, las acciones militares se sucedieron hasta que en 1941 los Estados Unidos y Reino Unido reaccionaron e impusieron un embargo de petróleo con la idea de detener la ofensiva nipona. Pero los líderes japoneses, auspiciados por sus ansias de expansión, decidieron contraatacar. Eran conscientes de que esta acción aumentaría las dimensiones del conflicto bélico y que, probablemente, sólo les permitiría ganar un poco de tiempo, pero la opción de ceder ante las demandas extranjeras nunca fue un planteamiento que tuviera consistencia.
Así las cosas, la madrugada del 7 de diciembre de 1941, la armada japonesa lanzó un ataque sorpresa a Pearl Harbor, en Hawai. La ofensiva apenas duró noventa minutos y tuvo como resultado para la armada estadounidense la pérdida de 18 navíos, unos 3500 soldados fallecidos y más de 1000 heridos. El ataque cogió por sorpresa al ejército norteamericano y la capacidad de respuesta fue escasa. Pero Doris Miller, ese cocinero afroamericano elevado a los altares de la heroicidad, fue de los pocos que consiguió, dentro de sus posibilidades, repeler el ataque nipón. Yendo más allá de donde su obligación le imponía y llevado por ese sentimiento patriótico que mueve a los americanos en momentos así, Miller tomó el control de una ametralladora antiaérea que estaba abandonada y la usó para abrir fuego contra los aviones atacantes, derribando al menos a uno, mientras la metralla caía a su alrededor.
Finalizado el ataque, el panorama en Pearl Harbor era desolador. Los heridos gritaban y se retorcían de dolor, y el olor a carne quemada se mezclaba con el de la derrota. En esta situación, la labor del doctor estadounidense J.J. Bonica fue tan heroica como la del propio Miller. Hasta esa fecha no existían en el mundo especialistas en el tratamiento del dolor y sería el doctor Bonica, con su tratado, en 1953, quien abriría una brecha que nos lleva hasta el día de hoy. En España, el número de unidades de Tratamiento del Dolor que trabajan en la actualidad es muy elevado y existe una Sociedad Española del Dolor, que forma parte de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor.
Tradicionalmente, la interpretación que el hombre ha hecho del dolor ha estado influida por el pensamiento místico y religioso. Para la doctrina católica, el dolor era un medio de purificación y redención. Hoy en día, la mayoría de la sociedad ha desechado la necesidad de sentir dolor para purgarse y éste es entendido, simplemente, como una experiencia desagradable asociada a una lesión de cualquier tipo. En última instancia, el responsable de que exista el dolor es nuestro sistema nervioso, ya que es el encargado de recibir y transmitir los diferentes impulsos sensitivos que provocan esta sensación.
Recientemente se ha visto que el uso de unos compuestos derivados de la planta de la marihuana llamados cannabinoides pueden tener un efecto positivo sobre el control del dolor y sobre el tratamiento de ciertas enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la esclerosis múltiple.
Los cannabinoides se dividen en tres tipos: los naturales o herbarios, que son los que se obtienen directamente de la planta; los endógenos, que son los que produce el cuerpo humano; y los sintéticos, que son obtenidos en el laboratorio. Se sabe que, en nuestro organismo, los cannabinoides obtenidos a partir de la marihuana mimetizan la acción de los cannabinoides endógenos, actuando a través de unos receptores que se llaman CB1 y CB2, que se encuentran en el sistema nervioso central, o aparato reproductivo, los primeros, y tejido periférico como pulmón o bazo, los segundos.
El uso de los cannabinoides en el tratamiento del dolor está documentado desde muy antiguo, pero la reciente publicación de numerosos ensayos en los que se utilizan derivados de uno de los cannabinoides más conocidos, el THC (tetrahidrocannabinol), ha puesto el tema en el punto de mira de toda la sociedad. El uso de estos compuestos, sin duda, brinda una oportunidad terapéutica más; sin embargo hay un largo camino por recorrer y será el tiempo quien ponga a los cannabinoides en el sitio que les corresponda.
martes 22 de abril de 2008
Orejudo y Almería
De cuando en cuando cae en nuestras manos uno de esos libros que nos deja un regusto amable en el paladar. Uno de esos libros que a uno siempre le gustaría haber escrito. Yo me encuentro en uno de esos momentos. El libro en cuestión se llama Almería, crónica personal, y su autor es Antonio Orejudo. 
De entrada, la edición resulta muy bonita. Las pastas duras, la presentación en negro, las fotos de Pérez Siquier e incluso el tipo y tamaño de letra utilizada me parece que lo hacen un libro muy atractivo. Luego, el contenido está muy bien estructurado. Orejudo utiliza su experiencia vital en Almería como hilo conductor de un libro muy conseguido. Y no pretendo mostrar una erudición que no tengo; simplemente escribo como un lector al que el libro lo atrapó desde la primera a la última página, de la primera a la última impresión.
No se trata de un libro de historia y mucho menos de una guía turística. El propio autor nos dice que “no se trata de un libro concebido para halagar el orgullo provinciano”. Es, nada más y nada menos, que un libro de experiencias. De las experiencias de Antonio Orejudo, un forastero que vino a Almería huyendo de otra parte, como otros muchos, y que colaboró, casi sin darse cuenta, casi sin desearlo, en la transformación que la ciudad necesitaba.
En el libro se van solapando las historias, como los naipes en un juego de cartas, con Orejudo y Almería como factores comunes. Estas historias están salpicadas de nombres y de lugares, de calles y situaciones, que a muchos almerienses les harán sentirse extrañamente cómodos instalados en sus páginas. Retazos de unas ficciones no tan ficticias que de uno u otro modo todos hemos vivido.
No me cabe duda de que Almería, crónica personal está llamado a convertirse en un libro fetiche. En una referencia ineludible para todo el que quiera acercarse a esta ciudad de luz y de mediterráneo. En una posada íntima para los que somos de aquí. Y en un lugar donde escaparse para seguir huyendo.