miércoles, 3 de septiembre de 2008

CÉLULAS PROCARIOTAS Y EUCARIOTAS. LA NECESIDAD DEL MUTUO PROVECHO.

En 1665, el científico británico Robert Hooke –el mismo responsable de la invención del muelle gracias a su teoría acerca de la proporcionalidad, en un cuerpo elástico, entre el estiramiento de éste y la fuerza que se ejerce sobre él- fue el primero en utilizar la palabra célula. Y lo hizo para referirse a las pequeñas cavidades que observó, con un rudimentario microscopio, al examinar una corteza de alcornoque y comprobar que el caparazón del corcho estaba formado por diminutas cavidades que le recordaban a las celdas de un panal. Pero debieron transcurrir casi ciento cincuenta años para tener la certeza de que todo organismo vivo, independientemente de su tamaño y forma, estaba formado por células.
La teoría celular, aceptada hoy en día por toda la comunidad científica y propuesta, hacia la mitad del siglo XIX por los alemanes Theodor Schwann y Jakob Schleiden, postulaba ya entonces que todo ser vivo estaba formado por células o por los productos que éstas secretaban y que, además, toda célula procedía, por división, de otra célula. La teoría celular fue ampliamente debatida en su momento, pero los experimentos que llevó a cabo el científico Louis Pasteur, en la segunda mitad del siglo XIX, dieron lugar a su aceptación definitiva.
Hoy en día, la célula es considerada la entidad más pequeña de materia viva. Es decir, la célula constituye la unidad morfológica, funcional y genética de todo organismo, ya que, por un lado, en ésta caben todas las funciones vitales de un ser vivo y, por otro, posee toda la información hereditaria que se encuentra contenida en su ADN. Tal es así que los organismos vivos pueden clasificarse en función del número de células que los componen para quedar establecidos como unicelulares –compuestos por una única célula, como las bacterias- y pluricelulares –compuestos por más de una célula, como los animales-.
Una primera clasificación de las células las divide en procariotas, que carecen de núcleo celular, y eucariotas, que presentan un núcleo donde se encuentra el ADN. Por lo tanto, en las células procariotas, las más sencillas que existen, el ADN se encuentra disperso en el medio acuoso que presenta el interior de la célula y que se denomina citosol.
Los organismos a los que dan lugar las células procariotas siempre son unicelulares y constituyen la forma de vida más sencilla. Estas células no sólo carecen de núcleo sino que además carecen de otros orgánulos presentes en las células eucariotas y que en éstas llevan a cabo funciones tales como la respiración celular o procesos fotosintéticos.
En contraste, las células eucariotas son el paradigma de la complejidad celular. Éstas pueden dar lugar a organismos unicelulares como las levaduras, o a organismos pluricelulares como los animales o los vegetales. Especialmente en estos últimos, el grado de especialización de la célula puede ser altísimo, dependiendo, básicamente, de la función que vaya a desarrollar.
Al primer tipo de célula primitivo se le denomina progenote. Este progenote es considerado como el antecesor de los tipos celulares actuales, y si atendemos exclusivamente al hecho de poseer o no núcleo diferenciado, podríamos decir que era una célula procariota. Durante varios millones de años se fue diversificando para dar lugar a un gran número de especies procariotas cada vez más complejas y específicas. El siguiente y definitivo paso en la evolución celular fue la aparición de las células eucariotas hace unos 1.500 millones de años. La teoría hoy aceptada, conocida como teoría endosimbiótica y propuesta por la estadounidense Lynn Margulis, argumenta que algunos de los orgánulos que presentan las células eucariotas –cloroplastos y mitocrondrias- eran, en origen, organismos procariotas que fueron “captados” por otros organismos, sin que se produjera pérdida de la función original y con los que establecieron una relación de mutuo provecho. Así, la célula eucariota que hoy conocemos es el producto de aquel momento de la evolución, y encontramos dentro de las mitocondrias y los cloroplastos –aquellas procariotas captadas y que en la actualidad son orgánulos de las células eucariotas- material genético similar al de algunas bacterias.
En la actualidad se considera que la evolución se pudo dar a través de dos vías: una explicada por la teoría endosimbiótica y otra, por la autógena, que postula que algunos orgánulos se formaron en el interior de la célula eucariota. Ambas teorías no son excluyentes, sino complementarias y sólo a través de esfuerzos de cohesión será posible conocer algún día el origen de la vida.

8 comentarios:

ana dijo...

Es precioso.

José Antonio Garrido dijo...

Muchas gracias, Ana. Me alegra que las células te resulten tan bonitas. A mí también me parece que tienen su punto.

Un beso.

luna dijo...

un besito



a ver si nos vemos antes de que me vaya. y a ves si hacemos que perseo vuelva, que le echo de menos.

ana dijo...

No las células, sino lo bien que se llevan.Yo también quiero reinvocar a Perseo.

José Antonio Garrido dijo...

Luna, a mí también me gustaría verte antes de que te fueras, aunque estoy seguro de que irte no va a implicar que estés más lejos.
Un beso.

Ana, lo de llevarse bien es una simple cuestión de, como dice el título, provecho mutuo. Endosimbiosis. Otro beso para ti.

De algún modo, creo que yo también echo de menos a Perseo.

luna dijo...

Podemos hacer un ritual invoca-perseos.

lorito dijo...

ola gracias me fui muy util todo eso de las celulas me gusto y es muy interesantes , justo me pille tu blog buscando infromacion de las celulas ya k tengo k estudiar , fue algo caido del cielo

besos me gusto muxo es muy convincente y muy objetivo

José Antonio Garrido dijo...

Muchas gracias, lorito. Me alegro de que te parezca interesante. Me gustará volver a verte por aquí.

Un saludo