miércoles, 11 de junio de 2008

LA VACUNA Y EL MÉTODO CIENTÍFICO

En la actualidad, la viruela se encuentra totalmente erradicada. De hecho, el último caso registrado en el mundo de esta enfermedad se dio en Somalia hace más de treinta años. Y dado que no existe riesgo de contraer la enfermedad, ni siquiera resulta necesario un programa preventivo de vacunación. Pero hasta no hace mucho tiempo, hablando en términos relativos, la viruela fue una enfermedad letal cuya tasa de mortalidad llegó a ser de hasta un treinta por ciento de los pacientes infectados. Su origen podríamos encontrarlo en la India o en Egipto hace unos 3000 años, y desde entonces sucesivas epidemias han devastado poblaciones enteras.
Ya a mediados del siglo XVIII se sabía que las mujeres que ordeñaban vacas, si habían sido infectadas con la viruela que afectaba a sus animales –viruela vacuna, que causaba ampollas en sus ubres- eran capaces de evitar la infección del virus que atacaba a los humanos. La observación de este hecho fue lo que llevó al médico inglés Edward Jenner, en 1796, a infectar a un niño con la pus extraída de una mujer que había contraído la viruela vacuna. Varios días después puso en contacto a aquel niño con el virus de la enfermedad humana, que por entonces se había convertido en una auténtica plaga en Europa, para comprobar que se había vuelto inmune a la viruela.
En ese momento el término “vacuna” no era aún utilizado como tal y ni siquiera el propio Jenner conocía el mecanismo que había dado lugar a la inmunidad del niño. Pero lo que es cierto, y éste es un mérito que nadie duda en otorgar al médico británico, es que fue el primero en aplicar la observación y experimentación –el Método Científico, en definitiva- a la prevención de una enfermedad infecciosa. No sería hasta varias décadas después que la palabra “vacuna” comenzaría a popularizarse a raíz de las investigaciones del científico francés Pasteur –el mismo que inventó la pasterización como proceso para eliminar los agentes patógenos de determinados alimentos líquidos mediante calentamiento-. Desde entonces, se han utilizado varias decenas de vacunas en el tratamiento de enfermedades infecciosas producidas por virus o bacterias.
Cuando un individuo es vacunado, lo que realmente estamos haciendo es facilitar que su sistema inmune aprenda a defenderse contra un enemigo potencial. Y esto es así ya que una vacuna, no es, ni más ni menos, que un preparado que contiene, o bien el agente patógeno –virus o bacteria- que produce la enfermedad, o bien los componentes tóxicos inactivados procedentes de estos microorganismos.
En la actualidad existen cuatro tipos de vacunas en función de su composición. Las primeras son las vivas atenuadas, como la del sarampión o la varicela, en las que el microorganismo en cuestión se encuentra mutado encontrándose muy mermada su virulencia. Las segundas son las muertas o inactivadas, como la de la rabia o la de la gripe, en las que el agente patógeno ha sido tratado con medios físicos como el calor o químicos como el formol. El tercer tipo de vacunas se conoce como toxoides, y a éste pertenece la del tétanos o la de la difteria, que se caracterizan por contener sólo las toxinas, y no el microorganismo completo, que produce la enfermedad. Y las últimas son las subunitarias, que sólo contienen un fragmento del microorganismo suficiente para disparar el proceso inmune. Un ejemplo de vacuna subunitaria lo encontramos en la hepatitis B, en la que se utiliza sólo las proteínas de la superficie del virus. Este último tipo de vacunas es de muy reciente uso y en su elaboración ha sido fundamental el desarrollo de técnicas de ingeniería genética.
En cualquier caso, cuando un individuo es vacunado su sistema inmune va a ser capaz de generar unas moléculas llamadas anticuerpos que reconocerán específicamente una parte del agente infeccioso llamada antígeno. Una de las características más importantes del sistema inmune es la memoria. Así, cuando un agente patógeno trate de infectar a un individuo que previamente haya sido vacunado, el sistema inmune será capaz de reconocer a aquellos antígenos contra los que aprendió a defenderse y pondrá en marcha toda su maquinaria de modo que los diferentes elementos que lo conforman –linfocitos B, linfocitos T, complemento, fagocitos…- estarán listos para evitar la enfermedad.
Jenner tuvo que luchar contra la incredulidad de los científicos de su época y contra la superstición y la ignorancia. Por suerte, el reconocimiento le llegó a tiempo y hoy es considerado uno de los científicos más destacados de la historia. Su capacidad de observación, su talento en la deducción y una experimentación acertada fueron su verdadero valor. Su constancia y su confianza en el método, su garantía.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas Jose,

En el caso de las vacunas subunitarias, el efecto memoria que producen en el sistema inmunitario cuanto tiempo dura. Es decir, si la persona que ha sido vacunada nunca entra en contacto con el virus real, se siguen detectando anticuerpos a esos antígenos. ¿Sigue estando protegida de por vida?

Sigue así tio

Tu compañero de "abajo"

José Antonio Garrido dijo...

"Compañero de abajo", me parece una cuestión muy interesante la tuya. El mecanismo de memoria, aunque yo lo he resumido en una sola frase, es muy complejo y presenta muchas dudas a los científicos. De hecho, la pregunta que planteas no tiene respuesta. En primer lugar porque esta técnica es lo suficientemente reciente como para que la expresión "de por vida" resulte demasiado ambiciosa. En segundo lugar no están claros los mecanismos de memoria, y hay varias teorías al respecto, dando respuesta afirmativa a esta cuestión sólo algunas de estas teorías. Y por último, habría que considerar la capacidad de ciertos virus y bacterias a mutar para "escapar" de los mecanismos de defensa humanos. Este hecho es notable, por ejemplo, en ciertos retrovirus como el VIH, aunque no es tan importantes en virus como el de la hepatitis.

Muchas gracias por pasarte por aquí.

Anónimo dijo...

Jose...
Muchas veces cuando hablamos de aspectos de la evuloción, aunque sea nivel "viral", hablamos como si los entes evolucionantes tuvieran inteligencia propia e hicieran algo para conseguir un fin. Es decir, nosotros elegimos una opción u otra de forma voluntaria y podemos imaginar que va a pasar, ¡pero un trozo de ARN no piensa! Por ejemplo, has utilizado el término "mutar para escapar". Da la sensacion de que un puñado de "bases quimicas" tuvieran la capacidad de pensar, cuando, realmente, lo más seguro, es que sea una respuesta a su entorno y quizas de las muchas mutaciones que se producen esa es la más viable(no sé, quizás más estabilidad)y no se debe al "interés" premeditado por conseguir algo.
¿Se sabe como es ésto realmente?. ¿Quizás es un proceso aleatorio de pasos encadenados que se producen a tal velocidad que parece que piensan?

El de abajo

P.D. Te he añadido a favoritos

Anónimo dijo...

Hola antonio,
cada vez me gustan más tus artículos, pero sabes que estoy deseosa de leer tu nueva novela, ¿para cuando?

No pares sigue sigue.....
Tu compañera de "arriba"

José Antonio Garrido dijo...

"El de abajo", gracias por añadirme.

En cuanto a las mutaciones que se producen en un virus para que éste "escape" a los mecanismos de defensa del organismo huésped, lo que en realidad sucede es que se da un alto número de mutaciones al azar y de todas éstas sólo "permanecen" las que permiten la viabilidad del virus. No hay elección ni inteligencia. Es una pura cuestión estadística. Cuantas más mutaciones se den más probable es que aparezca una que confiera una característica al virus que le sea favorable.

Gracias por seguir por aquí

José Antonio Garrido dijo...

"Compañera de arriba" (¿vendrá ahora la de la derecha y la de la izquierda...?), gracias por tu paseo por este blog.

En cuanto a la novela, llegará. Todo a su tiempo. Aunque no te lo creas, de una forma o de otra, no paro.

Besos.