martes, 27 de mayo de 2008

¿TIENEN FUTURO LOS ANTIBIÓTICOS?

En ciencia se llama serendipia a cualquier descubrimiento que se produce mediado por el azar o la fortuna. Ejemplos de serendipias hay muchos, como el descubrimiento del LSD, la sacarina o, incluso, el de las notas Post-it. Pero si hay una serendipia por antonomasia esa es la de la penicilina. Es archiconocido cómo, por un descuido, el microbiólogo Alexander Fleming dio con el primer antibiótico producido a escala industrial y que iba a revolucionar el mundo sanitario.
Corría el verano de 1928 y el doctor Fleming se encontraba trabajando con una bacteria denominada Staphylococcus aureus. Como es habitual en microbiología, el cultivo de esta bacteria lo estaba realizando en una placa denominada Placa Petri, que es un recipiente redondo, de 10 centímetros de diámetro y 1,5 centímetros de profundidad, con una cubierta de la misma forma y que protege al medio de cultivo de posibles contaminaciones. Por un descuido, aquella placa, la placa que iba a hacer que Fleming pasara a la historia, se quedó abierta durante varios días. Al regresar el doctor al laboratorio pudo comprobar cómo ésta se había contaminado por un hongo llamado Penicillium notatum. Al advertir este hecho, cualquiera hubiera tirado directamente la placa al contenedor de los residuos biológicos, pero Fleming fue más allá y comprobó cómo en torno a donde se encontraba la contaminación por el hongo, las bacterias habían sufrido un proceso denominado lisis que se traducía en la muerte de estos microorganismos. Lo que había sucedido, sencillamente, es que el hongo había producido una sustancia natural con efectos antibacterianos y que Fleming iba a llamar Penicilina.
Una lectura superficial de este hecho nos muestra una primera aproximación de en qué grado el azar fue determinante en el descubrimiento de esta sustancia a cuyo descubridor le valió la concesión del Premio Nobel de Fisiología y Medicina varios años después. Pero si se profundiza un poco en el hallazgo, se puede comprobar cómo la fortuna jugó un papel mucho más determinante de lo que puede parecer a priori. En primer lugar hay que tener en cuenta que la temperatura óptima de crecimiento del hongo es inferior a la de la bacteria. Y lo que pasó en esos días fue lo siguiente: en un primer momento, la temperatura del laboratorio fue considerablemente baja –una rareza teniendo en cuenta que se encontraban en verano-. Este hecho permitió que el hongo creciera de forma muy activa. Luego, la temperatura subió y fue la bacteria la que empezó a crecer, aunque sólo lo hicieron las que se encontraban, dentro de la Placa Petri, alejadas de donde se hallaba el hongo.
Otro hecho a tener en cuenta es que de entre los miles de hongos y bacterias posibles, en aquella placa confluyeron, precisamente, Penicillium notatum y Staphylococcus aureus. Y esto es importante destacarlo ya que la penicilina sólo es producida por esta especie de hongo y, aunque es mortal para muchas bacterias, hay otras muchas que se muestran resistentes a ella.
Una última casualidad a tener en cuenta la encontramos en el modo de acción de la penicilina. Ésta pertenece a un grupo de antibióticos llamados beta-lactámicos, que se caracterizan por tener un anillo en su estructura química. La penicilina, como todos los beta-lactámicos, tiene un efecto bactericida mediante la alteración de la pared celular bacteriana, que es una estructura que no existe en las células humanas, lo que hace que la penicilina no tenga ningún efecto negativo para nuestro organismo.
El descubrimiento de la penicilina vino a revolucionar el mundo de la sanidad y pronto empezó a hacerse de ésta un uso generalizado. Desde entonces, son muchos los antibióticos, tanto naturales como sintéticos, que vienen siendo utilizados con mayor o menor grado de satisfacción. Pero el abuso o el mal uso de los antibióticos –como por ejemplo incluyéndolos en la dieta de los animales de granja sanos o administrándolos en caso de infecciones víricas- puede tener efectos negativos en la salud humana. Uno de estos efectos es que las bacterias se hagan resistentes a ellos y dejen de sernos útiles. En la actualidad son ya muchos los microorganismos que han conseguido hacerse resistentes frente a diferentes antibióticos. Éste es el caso de ciertas bacterias del género Streptococcus, que produce neumonía, o del género Proteus, que produce infección de orina, sobre las que antibióticos como la penicilina o la ampicilina -otro beta-lactámico- ya no tienen ningún efecto.
Sin duda, el azar jugó un papel más que determinante a la hora de poner en nuestras manos una de las herramientas más importantes en la sociedad del bienestar como son los antibióticos. Ahora es una responsabilidad de todos su correcto uso y su buena administración.

2 comentarios:

ana dijo...

actualizzzzzzzzzzzzzzzzzze

José Antonio Garrido dijo...

Hola, Ana. Tienes razón, ya tenía que haber actualizado. Prometo hacerlo hoy. Muchas gracias por seguir ahí. Un beso