lunes, 30 de junio de 2008

El Cabo de Gata


Una estrecha carretera casi sin curvas comunicaba el pueblo con las salinas y discurría, paralela a la costa, limitando la zona de la playa, casi virgen, y separándola de la estepa litoral donde se elevaban espinares de cornical y bosquetes de palmito, que compartían el suelo con agrupaciones de esparto, romero y tomillo que se dividían el terreno en comunidades inmiscibles.

-Pues ya hemos llegado –dijo Carmen mientras el autocar paraba en una especie de apartadero de la carretera que sobresalía de ésta como un apéndice artificial-. Espero que resuelvas pronto esos asuntillos de los que hablas y puedas disfrutar del cabo.


La Clave de Prometeo (Ed. Grafema, 2005)

5 comentarios:

auro dijo...

Ahora que está quí el verano me pregunto ¿Qué es lo que hace al cabo tan especial?... Sin duda, la casi ausencia de la huella del hombre. No hay duchas, ni kiosocos, ni super hoteles-bares-chiringuitos-discotecas, solo tu y el cabo -siendo un poco optimistas, claro-. La magia del cabo no está en lo que es sino en lo que te hace sentir cuando paseas por sus playas, cuando bajas a buscar el arrecife de las sirenas, cuando esperas el atardecer entre sus faldas, cuando descubres un rincón nuevo... Es una suerte tenerlo tan cerca.
Besitos, Prometeo.

José Antonio Garrido dijo...

Amén, Auro. No tengo nada más que añadir.

Otro besito para ti.

CFenoy dijo...

Ay Garrido, que entre tantos temas estupendos e interesantes que realtas nos introduces en el maravillosos y curisos mundo de la ciencia.
Y me alegra que introduzcas al fin, (y) al Cabo de Gata:cuanto mas tiempo paso lejos de él, más echo en falta su olor, sus colores y esa extremecedora calma que me hace sentir.

Cuando tengo un ratito libre siempre aprovecho para leerte, gracias por aportar tanto.

Besitos (también para Isa)

José Antonio Garrido dijo...

Carmen, muchas gracias. Me alegra que compartas este lugar conmigo.

Por cierto, yo también sé lo que es estar lejos del Cabo y echarlo de menos. Me gusta mucho que uses, para hablar de esa nostalgia, los términos "olor", "color" y "calma" porque eso es el Cabo. Ya sabes que ahora, en verano, el cabo quizá huela a otra cosa, pero quien conoce esos atardeceres caminando por la arena de su playa bajo la luz mortecina de un cielo de octubre o noviembre, entiende que este lugar está muy por encima del turismo y de los turistas.

Un beso fuerte para ti. Espero verte pronto.

BARUK dijo...

He tenido la suerte de visitarlo este verano. Precioso, por descontado.

Pero cuando he contemplado el paisaje con los ojos del alma es cuando he entendido donde radica la auténtica belleza..., en el espíritu de la misma tierra.

Un saludo
Salud y románico