martes, 5 de agosto de 2008

RADIACTIVIDAD HOY: CIEN AÑOS SALVANDO OBSTÁCULOS

Maria Sklodowska llegó a París desde su Varsovia natal con apenas veintitrés años. Se había matriculado en la Universidad de la Sorbona y estaba dispuesta a hacerse un hueco en un mundo de hombres. El siglo XIX estaba acabando y la Física y la Química eran dos disciplinas que no ofrecían muchas oportunidades al sexo femenino. Pero la adaptación de María fue más rápida de lo esperado y unos años después obtendría la licenciatura en Matemáticas y en Física, siendo la primera de su promoción. Para entonces, uno de sus profesores ya le había declarado su amor e iba a acabar convirtiéndose en su marido y ella, tomando de él su apellido. Desde ese momento, esta polaca universal iba a ser conocida como Marie Curie.
Marie Curie es en la actualidad la única persona que posee dos premios Nóbel en dos disciplinas científicas distintas, uno en Física y otro en Química, además de haberse convertido en la primera catedrática en la historia de la Sorbona. A pesar de todo ello, Francia escatimó honores hasta el final de sus días por lo que consideró un acto imperdonable. Y es que cometió el error de enamorarse de un hombre casado. Su marido, Pierre Curie, había muerto tras once años de matrimonio. Varios años después del trágico desenlace, Marie se enamoró de Paul Langevin, que había sido alumno de Pierre. Este romance fue aireado por la prensa y mientras la opinión pública excusó y perdonó la infidelidad del científico, nunca consintió que ella se interpusiera en aquel matrimonio.
No obstante, por lo que Marie Curie ha pasado a la historia es por su determinante contribución a la ciencia y por su espíritu altruista. Tanto es así que donó a la investigación científica el primer gramo de radio obtenido y se negó a registrar ninguna patente porque le parecía fundamental que cualquier investigador pudiera buscarle aplicaciones a la radiactividad.
La radiactividad es una cualidad que presentan algunos elementos químicos para emitir unas radiaciones particulares. Estas radiaciones son capaces de impresionar películas fotográficas o atravesar cuerpos opacos a la luz visible, lo que las hacen óptimas para su uso en medicina –radioterapia o diagnóstico con Rayos X- y en otros campos y con otros fines como puede ser la obtención de energía o la fabricación de pantallas de ordenador y aparatos de televisión.
La radiactividad se divide en natural o artificial. La natural es aquella que se encuentra en la naturaleza sin que haya existido intervención humana, y puede ser debida a la presencia de elementos radiactivos primigenios, que están en la Tierra desde el principio de los tiempos, o de materiales radiactivos cosmogénicos, que se generan por la incidencia de rayos cósmicos. Esta radiactividad natural es producida gracias a que los núcleos de ciertos átomos son inestables y se fragmentan de manera espontánea para dar lugar a otros núcleos más ligeros. La radiactividad artificial, por otro lado, se origina al bombardear los núcleos estables de ciertos átomos con partículas adecuadas. De esta manera se consiguen núcleos más pesados que suelen ser inestables y que emiten radiactividad al retirar el cuerpo emisor de las partículas de bombardeo. Este tipo de radiactividad fue descubierta por Jean Frédéric e Irène Joliot-Curie, hija de Marie y Pierre Curie.
Algunos de los elementos radiactivos naturales más importantes son el Radio-226, que se obtiene por desintegración del Uranio-238, o el Carbono-14, que es producido en la atmósfera debido al bombardeo de átomos de nitrógeno por neutrones cósmicos y utilizado para conocer la edad de muestras orgánicas de menos de 60.000 años, siendo la técnica de datación más fiable para estas muestras. Por otro lado, el elemento radiactivo artificial probablemente más conocido sea el Plutonio-239, que fue uno de los elementos expulsados a la atmósfera tras el accidente de la central nuclear de Chernobil.
Por suerte, accidentes como el de Chernobil son muy poco frecuentes y la radiactividad es usada de forma positiva en nuestra sociedad actual. Después del accidente en la central ucraniana, la radiactividad estuvo en el punto de mira de todas las críticas, pero el paso del tiempo decidió darle una nueva oportunidad. Algo parecido pasó con el amor entre Curie y Langevin. Muchos años después de aquel romance, una hija de Irène Joliot-Curie –por lo tanto, nieta de Marie Curie- se casaría con un nieto de Paul Langevin. Casualidad o destino. En la actualidad conforman un matrimonio de físicos nucleares con una bonita historia que contar a los suyos.

2 comentarios:

Lourdes Cortés Aguilar dijo...

Buenas Jose Antonio, como siempre no hay semana que me de un par de vueltas por tu blog, incluso para leer vuestros comentarios, aunque pocas veces me decida a escribir algo, supongo que me da vergüenza.
Bueno, felicitarte por tu gran labor informativa, ha llegado el punto en que estoy enganchada a tu blog.
Un abrazo muuuy fuerte y sigue así. Enhorabuena.

José Antonio Garrido dijo...

Muchas gracias, lourdes.

Me alegro de que seas una asidua de este lugar. Y ya sabes, la vergüenza, para otro sitio. Aquí siéntete como si esto te perteneciera, porque realmente es así.

Un beso.