martes, 15 de abril de 2008

LA REVOLUCIÓN RUSA Y EL MAL DE LAS VACAS LOCAS

En 1915 la situación de la clase obrera rusa era crítica. Hacía casi una década que sus condiciones laborales rozaban lo infrahumano y la situación se volvía insostenible. Las jornadas de trabajo superaban las diez horas diarias, por unos salarios indignos y con unas condiciones de salud y seguridad oscuras. Todo ello se tradujo en un sinfín de huelgas y protestas que fueron desatendidas o reprimidas violentamente por el zar Nicolás II. A esto hay que añadir que en ese mismo año, en plena Primera Guerra Mundial, el zar decidió tomar el control del ejército, abandonando palacio y dejando a cargo del gobierno a su esposa, la zarina, que era incapaz de tomar ni una sola decisión importante para su país sin la aprobación del que ya era conocido en Rusia como el monje loco: Rasputín.
En octubre de 1916 Rusia había perdido, entre muertos, desaparecidos y prisioneros de guerra, casi cinco millones de soldados. El pueblo, cada vez más descontento con la situación, se amotinaba y mostraba su rebeldía cada vez que le era posible. La cámara baja del parlamento ruso –la Duma- avisó al zar de la necesidad de tomar medidas en forma de reformas constitucionales, pero éste hizo caso omiso de la advertencia. Como no podía ser de otro modo, esta situación desembocó, en febrero de 1917, en una revolución que acabó con el régimen zarista y que estableció el primer gobierno comunista del mundo, liderado por Lenin.
Poco a poco, las autoridades soviéticas fueron extendiendo su área de influencia a todos los aspectos de la vida rusa, y la cultura y el arte no podían quedarse atrás. Una de las primeras medidas adoptadas fue la retirada del apoyo institucional a las actividades vanguardistas para favorecer la estética del Estado. Era necesario el apoyo unánime al Realismo Socialista. Así, la salida del país de George Balanchine, uno de los mayores coreógrafos de la historia del ballet, era sólo cuestión de tiempo. Balanchine se instalaría en Nueva York y crearía en éste el NYCB (New York City Ballet), una de las compañías de ballet más prestigiosa del mundo. Aún hoy, Balanchine es considerado el responsable de la fusión de conceptos modernos con las ideas más viejas del ballet clásico.
George Balanchine murió en 1983, cuando la Unión Soviética daba sus últimos coletazos. La causa de su muerte no estaba clara, aunque todo apuntaba a un error del sistema nervioso central. El coreógrafo empezó a presentar problemas de coordinación muscular y un claro cuadro de demencia, que terminaron por dejarlo ciego, sordo y paralítico. Todo apuntaba a que su muerte podía haber sido debida a la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ), pero no fue hasta que se le realizó la autopsia cuando esta hipótesis fue confirmada. Su cerebro tenía el aspecto de una esponja o de un queso suizo. No cabía duda, George Balanchine había muerto debido a la ECJ.
La ECJ es causada por una proteína llamada prión que es también la responsable de la encefalopatía espongiforme bovina -EEB o “mal de las vacas locas”- en el ganado vacuno y de la enfermedad de scrapie, en el ovino. La principal característica de los priones es que son capaces de dar lugar a estas enfermedades pero no son seres vivos. Es decir, carecen de material genético (ADN o ARN).
En condiciones normales, los priones se presentan en el organismo como proteínas inocuas, que no producen ningún daño. Sin embargo, una mutación puntual en su secuencia de aminoácidos (que son cada una de las “piezas” de las que están formadas las proteínas) conduce a que ésta se pliegue de una manera diferente a la proteína normal, adquiriendo así una forma infecciosa que es la responsable de ocasionar la enfermedad. La característica que convierte a esta forma infecciosa en letal es que uno sólo de estos priones mutados es capaz de inducir la mutación fatal en las proteínas sanas en una especie de “reacción en cadena”.
Entre las diferentes clases de la ECJ, una de ellas es transmitida por contacto con priones infecciosos. Se trata de la ECJ adquirida y se produce como consecuencia de la exposición a tejidos cerebrales o del sistema nervioso infectado. Dentro de esta clase, en 1996 fue descrita una nueva variante que se relacionó con la exposición al prión responsable del mal de las vacas locas. Por suerte, en España, las medidas de seguridad tomadas para evitar el contagio a partir de animales infectados son muy altas y los ministerios de Agricultura y Sanidad garantizan que la carne que consumimos en nuestro país es segura. No cabe duda de que la dieta de hoy, hipercalórica y rica en comida precocinada, no es nuestro mejor aval; así las cosas, podemos estar seguros de que no es el mal de las vacas locas el mayor problema en nuestra alimentación.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante, una forma de entrar en la ciencia muy amena, osea.

La Jeny

MANAGER dijo...

Asi me gusta GARRI, que te dediques para lo que realmente vales (dejate de strip tease y de hacer quinielas).
Por cierto, te recuerdo que necesito tu curriculum actualizado, ya que como MANAGER tuyo tengo que hacer unas gestiones con él en Sevilla

Remenero dijo...

Si es que este Garri es como Asimov... Bioquimico y escritor.
Si muchos de los que yo conozco introdujeran la ciencia así, sus clases serían mas populares.
Ese es nuestro Garri !!!!!

José Antonio Garrido dijo...

Jeny, muchas gracia. Espero que tu entrada sea para quedarte.

Manager, ya sabes que como quinielista no tengo precio, aunque puestos a elegir, me quedo con esto. Por cierto, lo de Sevilla, va a ser que no -por ahora-; ya encontrarán con quién suplir la baja de Alves.

Remenero, ya quisiera ser yo la sombra de lo que es Asimov. En cualquier caso, gracias por tu benevolencia. Espero verte más por aquí

Auro dijo...

Buenas, mi buen amigo wikipedia -sin ánimo de ofender, jeje-. El caso es que después de leer tu post de esta semana me planteo una pregunta.
Hablas del prión como si fuese el vecino del tercero, ¿hay diversos tipos de priones o sólo uno? La verdad es que me resultaría extraño, o curioso, que una enfermedad de este tipo sea causada por un sólo tipo de prión, pero más extraño aún me resultaría que sean varios los priones capaces de causar la misma enfermedad. A la vez, me pregunto si no existen otras enfermades, distintas a las encefalopatías, relacionadas con priones.
Por último, agradacer tu claridad explicativa -virtud de la que yo carezco- y tu ingenio introductorio.

José Antonio Garrido dijo...

Hola, Auro. Efectivamente hablo de forma cercana de los priones, y no sé si lo hago como lo haría del vecino del tercero, pero sí es verdad que lo hago como del incómodo vecino "de arriba" en el que pueden llegar a convertirse.

La ECJ la produce un único prion. De hecho, éste se encuentra totalmente caracterizado y de él se sabe incluso que el DNA que lo codifica tiene unos 15.000 pares de bases y que se encuentra localizado en el brazo corto del cromosoma 20. Se conoce hasta la mutación puntual -una lisina por una prolina- que da lugar a la proteína en su forma patológica.

Por otro lado, sí que existen otras enfermedades provocadas por priones similares y cuyas consecuencias son también de carácter encefalopáticas como son el insomnio familiar fatal o el kuru.

Muchas gracias por tu búsqueda de esa precisión quirúrgica y por hacer más ameno y entretenido este blog.