viernes, 26 de junio de 2009

BOCIO EN LA CAPILLA SIXTINA

Decía el genial y polifacético Miguel Ángel que las almas no tienen sastre que las vistan. Y es que cuando tuvo que pintar un mural en el que se iba a convertir en el altar más bello de la cristiandad, el de la Capilla Sixtina, el pintor no tuvo la menor duda a la hora de representar a todos los personajes desnudos. El Renacimiento hacía ya varias décadas que había eliminado las vestiduras de las figuras y El Juicio Final no iba a ser una excepción. Pero no todo el mundo lo veía con buenos ojos. No fueron pocos los cardenales que levantaron la voz en contra de semejante indecencia y especialmente beligerante se mostró el maestro de ceremonias Biagio de Cesana.
Ante tal muestra de desacuerdo, el Papa de la época, Pablo III, mandó a un par de los discípulos de Miguel Ángel –debido a la negativa de éste- a que trazaran velos a lo largo del cuadro que taparan los genitales más a la vista, especialmente en el caso de Jesús y de su madre, la Virgen María.
El enfado de Miguel Ángel fue tremendo y se cobró por ello una tibia venganza. A las puertas del infierno, en la esquina inferior derecha del mural, dibujó un personaje con una nariz enorme, pelo blanco y orejas de burro, con una serpiente que se enroscaba a su cuerpo y que representaba el destino que el pintor le deseaba al clérigo, en cuyo rostro se identificaba a aquel personaje que había conseguido convencer al Sumo Pontífice.
Parece ser que Biagio de Cesana, al descubrirse así retratado fue en busca de Pablo III y le pidió entre sollozos que ordenara al artista que lo borrara del mural. Pero el Papa le dijo, con cierto grado de ironía, que Miguel Ángel le había dibujado a las puertas mismas del infierno, allí donde él no tenía poder ya que éste sólo llegaba hasta el purgatorio. Nulla est redemptio, le dijo. Algo así como que una vez en el infierno ya no hay redención.
Y así es como Biagio de Cesana ha llegado a nuestros días, ridiculizado por uno de los artistas más universales de la historia. Mientras tanto, si por algo destacó el papado de Pablo III, además de por ordenar la elaboración del magnífico mural a Miguel Ángel, fue por dar aprobación a la que hoy en día es la orden religiosa masculina y católica de mayor envergadura: la Compañía de Jesús. No obstante, hay otros actos atribuibles a este controvertido Papa que no son tan conocidos, pero que merecen ser destacados. Uno de ellos fue la elaboración de la conocida como bula Sublimis Deus, en la que pedía a los conquistadores del nuevo mundo que trataran a los indígenas bociosos de Latinoamérica como seres con una alma y dignos de ser convertidos al cristianismo, lo que da muestra de la relación que existía entre conquistados y conquistadores, y de los altos niveles de afectación de bocio que, en pleno siglo XVI, existía en países como Guatemala, Bolivia o Perú.
El bocio es una tumoración que se produce en el cuello, justo debajo de la laringe, debida al aumento de una glándula llamada tiroides. El correcto funcionamiento de esta glándula es fundamental para la vida ya que las hormonas que produce tienen un efecto directo en la práctica totalidad de los tejidos del organismo.
La tiroides da lugar, principalmente, a dos hormonas, llamadas tiroxina (T4) y triyodotironina (T3), en cuya formación es fundamental la presencia del yodo. La principal función de la hormona T4 es la de activar el consumo de oxígeno en las células para favorecer el metabolismo de los hidratos de carbono y de las grasas, y los niveles de ésta en sangre vienen regulados por otra hormona denominada tirotropina u hormona estimulante de la tiroides (TSH), que es secretada por la hipófisis y cuya secreción, a su vez, está controlada por una hormona llamada tiroliberina u hormona liberadora de tirotropina (TRH), producida en el hipotálamo. La otra hormona sintetizada en la tiroides es la triyodotironina, que también juega un papel importante en el metabolismo de los hidratos de carbono y las proteínas.
El hipertiroidismo es una patología producida por un exceso de hormonas T3 y T4, secretadas por la tiroides, y se caracteriza porque los pacientes presentan un bajo tono muscular asociado a pérdida de peso y fatiga, todo ello provocado por el aumento del metabolismo basal. Por el contrario, en el hipotiroidismo, muchas veces asociado con la falta de yodo, se produce un descenso en la secreción de hormonas tiroideas y se presenta con una ganancia de peso en los pacientes, asociada, muchas veces, con estados depresivos.
Una vez más, el bocio no supone, prácticamente, ningún problema en el mundo desarrollado. Aún así, una dieta desequilibrada podría hacer que eso cambiara. Y es que en alimentación y salud, casi siempre, tan malos son los defectos como los excesos.

3 comentarios:

el coche escoba dijo...

Estimado Sr. Perseo Garrido, cómo está usted? Nos gustaría que aportara su visión científica en este blog que algunos amigos hemos hecho sobre el Tour 09.
Un saludo!

José Antonio Garrido dijo...

Ya veo que la sombra de Perseo es alargada y que además se ha adherido con fuerza a la suela de mis chanclas. En fin, en cualquier caso, es una carga que no pesa demasiado.

Soy un gran aficionado al ciclismo -lo soy al deporte, en general-, así que me engancharé a vuestro coche escoba.

Un abrazo

la costarricense, la capitana. dijo...

Hoy noviembre 11 leí este coment.. Me ha llamado la atención porque hoy escribí sobre Sócrates y mencioné La Compañía de Jesús.
También sobre el bocio aprendí; tengo edad tercera y tomo levotiroxina. Pero dicen que se seca la persona y yo creo que sí. Me adelgaza demasiado.
Gracias por compartir.